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en que el mundo se salvaba 6 se proscribia para siempre: jla embajada de Gabriel! jlas respuestas de Maria! jsus ‘temores! ;sus sobresaltos! jsu humildad! jsu pureza! jsu consentimiento 4 las ofertas de un Dios! jAy! Mil docto- res han hablado de estas grandezas, y 4un no han hecho mas que empezar a balbucear; ¢cémo emprenderé yo in- ternarme en este abismo de maravillas? Pero voy a se- guir sus huellas, y asi sdlo podré continuar. Oidme; oid lo que pudo el amor hermoso. vie Habia ya Maria echado los fundamentos de este amor, fundamentos que debian sostener el inmenso edificio de la redencion; una castidad lamas pura, una humildad la mas profunda; en los cielos y en la tierra, no encuentra Maria otro objeto que sea dignode su amor que 4 Dios; en si misma no considera sino su nada, su fragilidad de cria- tura; se cree la mds abyecta y despreciable de cuanto existia en la tierra; teniéndose 4 si misma por tan vil,. gcémo podia amarse 4 si misma? Estando tan persuadida de las perfecciones y bellezas del Criador y de lo corrup- tible de las criaturas, gcémo era posible que amase lo terreno? ,Cémo podia dejar de amar lo celestial? ; Ah! Si todos pensasemos como Maria pensaba, todos viviria- mos abrasados del amor hermoso de la Divinidad; nues- tra nada nos seria un objeto despreciable; las criaturas serian un objeto digno de nuestra admiracion por ser he- chura de Dios, mas no fijariamos en ellas nuestro amor, porque el espiritu humano naturalmente ama lo mas dig- no y lo mis perfecto. / Estando Maria animada de estos principios , era justo, dice San Bernardo, que fuese elevada 4 ser la primera de todos la que se creia inferior todos; era justo que sien- do mas pura que los angeles, concibiese en su seno al Rey del cielo. _ Enefecto, amados mios; shasta qué extremo no llega el amor puro de Maria? Hasta el extremo de renunciar aie ap M

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