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:& fuego divino ensalzara la sabiduria, la omnipotencia,la justicia y bondad del Eterno, y llamara al sol, 4 la luna, 4 los astros, 4 los mares, 4 la tierra, 4 los hombres, 4 los principes y 4 los 4ngeles mismos, para que, unidos & los acentos de su lira, cantasen 4 Dios cdénticos nuevos; su amor hacia Dios era tan puro y tan intenso, que su corazon se deshacia cuando contemplaba que en los cie- los y en la tierra no habia otro objeto digno de ser amado. Pero no eran estos justos los que inaugurarian la gran era del amor hermoso; el santuario divino donde este amor residia, no podia abrirse hasta que Maria hablase; esta amable criatura era la primera que entre los morta— les poseia un corazon grande, inmenso, y sdélo capaz de recibir en El al amor infinito, y darle una nueva vida, concebirlo, engendrarlo, y darlo 4luz, para que todo pue- blo, toda nacion, todo hombre, recibiese un nuevo calor, 6 inflamado con 61, conmutase el amor de la tierra por el amor del cielo, el amor de las criaturas por el amor del Criador, el amor profano por el amor hermoso; no nos detengamos en considerar 4 esta Virgen en los primeros afios de sus castos amores con el Espiritu Santo. jAh! 4Qué prodigios de amor no nos enarraran los muros del — templo de Jerusalen si pudiesen exprimir los suspiros que Maria exhalaba suplicando al cielo que se abriese, y despidiese al justo, que como suave rocio fecundaria la humanidad, yerma por los abrasadores fuegos del amor ‘profano? Los serafines se admiraron cuando vieron que Maria los excedia en amar; atdénitos quedaron cuando uno de ellos fuera mandado en solemne embajada para que se postrase ante esta criatura, y la saludase como a Madre de Dios y Reina del cielo. Aqui os pido, seiiores, vuestra atencion; aqui necesito vuestras luces, joh Espi- ritu divino! porque mi entendimiento se abisma, mi len- gua se paraliza, al tener que hablar del momento decisivo ‘

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