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To _—— dos rupturas, sino que los angeles rebeldes fueron: irre~ vocablemente excluidos del amor divino , quedando 4 los” hombres el consuelo de que un dia vendria en que con lazos intimos se unirian aquellos dos extremos que dis- taban nada ménos que con grados infinitos. Desde aquel° momento fatal, ;joh desgraciada descendencia humana! tt fuiste el triste retrato de un hijo del principe nacido en cuna de oro, educado con modales de grandeza y majes- tad, y que, llegado 4 una edad vigorosa , prefiriera los degradantes amores de una despreciable meretriz, a los nobles enlaces 4 que su sangre le llamara; como jéven arrastrado locamente por la fuerza brutal de las pasiones, fuiste cayendo de abismo en abismo, de desgracia en desgracia, hasta que, enervada por tus vicios obscenos, destruida por tus excesos, postrada te viste en duro lecho, sin tener médico que cicatrizase tus heridas ni te restituyese el perdido vigor; cuarenta siglos consumaran sus 6rbitas, sin que tuvieran el honor de contar en su gran longevidad un sdélo pueblo, entre tantos como la tierra sostenia, que con amor puro ofreciese 4 Dios su corazon; pues uno que el cielo formara, levantandolo del polvo y consolidandolo 4 fuerza de prodigios , fuera tan grosero, que mas servia a Dios por los cuantiosos bienes ~ que le diera, que no por las infinitas perfecciones y belle- zas del eterno Sér. Tal era el estado de la humanidad llamada por Dios 4 ser su esposa predilecta por el amor hermoso, y eliminada de tanta dicha por haberse entre- gado 4 las locuras del amor brutal, del amor sérdido. Duo amores fecerunt sibi duas civitate. No faltaron, es verdad, en el seno de este pueblo santificado almas jus- tas que anhelaban por el amor puro; no faltdéra un Abra- ‘ham yun Moisés, muchos Patriarcas, muchos Profetas, y, por fin, un David, quien, 4 nombre de todos, melodiosos himnos compusiera, en los cuales mil veces convidaba & los hombres 4 amar 4 su Dios; mil veces con cAnticos de
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