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que discurre y raciocina ! Con esta fé de que Maria es mi Madre, que cuida de sus hijos desde la cuna hasta el se- pulcro, porque Dios se lo ha mandado, y porque los sen- timientos de su corazon se lo exigen, yo subiré al leiio en que he de surcar las salobres aguas, y no tendré mi confianza ni en la acerada proa, ni en el soberbio mastil, ni en el tiempo honancible, y si en Maria; porque ella lleva 4 sus hijos por la mano, sobre todo cuando ni el amor del ocio, ni el deseo de los goces mundanos, ni la ambi- cion de Aissiddaden, ni el 4nsia de las glorias humanas, sino el instinto de su corazon animado por el cielo, los conduce 4 lejanas playas. j;Ah! venid, amigos mios, venid todos; vengan mis hermanos, pues todos lo son en Jesus y Maria; arrodillé- monos todos ante el Trono donde esta sentado el que con su sangre nos redimié y adopté por hermanos suyos. Si por nuestras culpas viésemos su rostro airado, digamosle — con sus discipulos: Hece Mater tua, et fratres tui stant te allogui. «Tu madre, Sefior, y tus hermanos, desean ha- blar contigo; Ella, que nunca te ha ofendido, viene 4 in- terceder por nosotros; nosotros, que somos pecadores, te pedimos la gracia del perdon.» 2ece Mater tua et fratres tui. Habla, pues, por nosotros, joh Maria! Tu que eres Madre, Tu que eres Reina, Tu que eres Sefiora. Mués- tranos tu dulce rostro, extiende hasta nosotros la vara que nos protege, manda 4 nuestros enemigos que se reti- ren, para que, pasando una vida pacifica en toda castidad y perfecta humildad, logremos en toda su plenitud el fruto de tu amor en la gloria. Amen.
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