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kk Ey; Re F Fee ee SEGUNDA PARTE. El hombre pertenece 4 dos ciudades: a la ciudad ce- lestial, de donde deben ser un dia eciudadanos y morado- res, la ciudad terrenal, en donde la Providencia, los colocé para que les sirviese de lugar de combates y de victorias. Asiel mortal tiene dos géneros de interés: el uno del tiempo, y el otro de la eternidad; necesario es de- cirlo, amados mios, para nuestra confusion: apénas los hombres piensan en los intereses de la verdadera patria, que es el cielo, como si el alma acabase con el cuerpo y no debiese durar tanto como Dios, 6 feliz 6 desdichada por la eternidad. Hablemos de los intereses del cielo, de- votos cofrades, pues ellos son los mas importantes, y para que os encendais mas y mas en la devocion 4 Marfa, _ oid lo que dice San Bernardo: «Dios encerré, dice este Pa- dre, el precio de nuestra redencion en el seno de esta Vir- — gen; de tal modo, que todo cuanto tenemos de fé, de gracia y de esperanza, todo viene de Maria.» Santo Tomas de Villanueva (Serm. 3.°, De V. V. M./ dice que Ella es la -tinica esperanza y la unica Patrona de los mortales. Nescimus aliud refugium nisi te. Otros Padres nos la re= presentan como la dispensadora de los tesoros de Jesu- cristo y como medianera necesaria cerca del divino Juez. 4Qué podra aiiadirse de mas bello y de mas sublime que la expresion con que la nombra San Epifanio, quien la llama «propiciatorio universal del mundo,» commune mundi propitiatorium? Y en efecto, pues, como dice un gran sabio de estos tiltimos tiempos, «es constante tra dicion de los Padres antiguos y de la Iglesia, que por un decreto inmutable de la Sabiduria eterfia, Maria contri- buira por toda la eternidad & todas las operaciones de la
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