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“a8 ria vana de un mundo caduco y perecedero? Y nosotros, cuya genealogia es la genealogia del Eterno desde que Maria lo concibié en su seno; nosotros, que tenemos por madre Aquélla que, segun San Anselmo, no conoce otro superior que Dios y que excede 4 los angeles en pureza, 4 los Apdstoles y martires en valor, 4 los Patriarcas y Profetas en fé, y a todos los electos en santidad; nosotros, digo, 4no procuraremos ser dignos hijos de tal Madre? Todo cuanto hay de grande , todo cuanto hay de excelen- te, de sublime, de soberano y de celestial, todo se halla reunido en Maria, pues Ella sola, dice San Bernardo, _ poseyé en sumo grado cuanto los demas Santos tuvieron dividido y repartido. Quidguid singuli habuerunt tu sola possedist. Penetrados, pues, de estas verdades, serfamos los mas inconsecuentes y ultrajariamos 4 Maria si, confesan- do ser nuestra Madre, no la profesaramos el amor y res- peto que le son debidos, si conservasemos una odiosa in- diferencia 6 no la tributdramos el culto que la piedad filial de los cristianos la ha consagrado. ; Oh, mil veces dichosos los que saben amar 4 esta Madre de misericor- dia! ; Cuan grande es el consuelo que experimentan al invocarla y bendecirla! ; Qué bellezas tan admirables des- cubren en la contemplacion de sus virtudes! Pero, sobre todo, jqué frutos tan abundantes recogen de su protec- cion! ;Qué bienes tan copiosos de aquel manantial in- _ agotable! De modo que si el amor y el reconocimiento no nos obligasen 4 ser devotos de Marfa, atin habria otros motivos que nos compelerian 4 amarla y venerarla, y estos serian nuestro propio interés, objeto de la chat ul siailisteai <i aa a os

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