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de su Hijo, por el cual no deberd faltar jamas de entre los hombres; pues 4 todos los hombres dijo: Hece Mater tua, No lo dudeis, pues, amados mios; asi como Jesucristo, por un misterio incomprensible, existira real y verdade- ramente con los hombres hasta la consumacion de los siglos, as{ Maria, como Madre de los mortales, les asis- tira y les acompafiara con su proteccion hasta tanto que — el mundo vuelva 4 la nada; pues miéntras haya hombres en e] mundo, habra quien tenga derecho 4 su proteccion; habra miseria, habra afliccion, y, como dice Ricardo de San Victor (in Cantig., cap. tv, 5), allise encontrara tam- _ bien la misericordia de Maria. Ubicumgue fuerit miseria tua currit et sucurrit misericordia. ' ;Qué palabra tan consolante para nuestro corazon! Ubicumque, etc. ; Pobres de la tierra que gemis bajo el enorme peso de la miseria y desnudez; no temais, pues alli bajara esta Madre piadosa! ; Almas atribuladas que bebeis en el caliz de la arhargura, que os veis acosadas por la tribulacion , que creeis. ser sumergidas en las tempes- tuosas olas del mundo; levantad vuestros ojos hacia esta piadosa Madre, pues todos teneis derecho & su proteccion, y Ella correra presurosa 4 vuestras voces, si llamais con un corazon puro y penetrado de los sentimientos de la fe! Ubicumque, etc. Y vosotros , hombres del mundo, los que vivis bajo techos de oro y empufais el cetro; vos-, otros los que, llenos de orgullo y fausto, no ois las mise- rias que afligen al pobre y al huérfano, ; qué! % pensais que no teneis necesidad de la proteccion de esta Madre de los mortales? Entrad en el seno de vuestro pecho, examinad los disturbios de vuestra alma , los sinsabores de vuestras conciencias, y vereis que estais circundados ‘de miserias mayores que la del ultimo desvalido ; pero Maria es tambien vuestra Madre, y vendra 4 vuestro so- corro si la invocais. Ubicumgue, etc. Y nosotros, amados mios, gpodremos desconocer 4 esta Madre que un Dios i 7 : i 4 : }

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