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' jamas sentirian en si aquella guerra y oposicion con que poderosos motivos que tenia para amar 4 su Dios y estar ~ agradecido 4 su bienhechor. © Pero el hombre, Iéjos de cumplir con estos dos pre- ceptos que le imponia la naturaleza, desconocié 4 su Pa- dre, y cayendo de aquel estado feliz, fué condenado por su desobediencia 4 un enorme peso de males, arrastrando en su desgracia 4 una innumerable descendencia. jHom- bre orgulloso! ¢ Crees que saldras con tu propia fuerza de — ese abismo donde te has precipitado por tu voluntad? éPiensas acaso abrir sin el auxilio divino esas puertas del _ firmamento, cuyos cerrojos has echado ti mismo por tu soberbia? No, hermanos mios; y si el Verbo no hubiese encarnado en las entrafias de Maria, jamas el hombre hubiera tomado nueva posesion de los bienes que una vez perdid por su voluntad. Asi, no sdlo debia su obe- diencia 4 Dios, por ser hechura suya; no solo debia amar- _ le y estarle reconocido por haberle sacado de la nada y haberle adornado con tan admirables dotes del cielo, sino que por su propio bien y provecho debia humillarse ante el acatamiento divino, y pedirle le perdonase sus delitos 6 infidelidades. Hé aqui los motivos que tenemos para amar4 nuestro Dios; en cuanto somos la hechura de sus manos, debe- mos serle agradecidos, yen cuanto somos sus hijos re- dimidos con la sangre del Cordero y necesitamos su gracia para ser felices, nos vemos obligados 4amarle por nuestro propio interés; y estos motivos son los que nos obligan tambien & amar y venerar & Maria Santisima. Siendo Ella la Madre del Redentor del género humano, por una consecuencia natural debia ser ef canal por donde se hoy se quieren atraer muituamente, para seguir el uno los movimientos de la sensualidad, y la otra las inclina- - _ciones de una naturaleza corrompida. Hé aqui el estado — del hombre en su inocencia, y en él estan cifrados los ~

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