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emplearme en obsequio del Niiio celestial que debia venir al mundo para salvarlo; pero ya que se digna escogerme para que sea yosu Madre, aunque no me considero digna de tanta dicha, me conformo, pues que soy su sierva. Ecce ancilla Domini. Yo empezaré desde ahora 4 dar 4 este Nifio precioso cuanto tengo y cuanto soy; yo mecon- taré por feliz en alimentarlo, en acariciarlo , en proveerle de cuanto una Madre debe dar & su Hijo, y en hacer cuanto una esclava esté obligada 4 hacer por su Sefior. Ecce ancilla, ete. Yo, que soy una pobre criatura suya que nada vale; yo sé que El es feliz en si mismo, y que nada puede recibir de nosotros que no sea un don suyo; pero es tanto e] amor que le tengo, que quisiera aumen- tar con £1, si posible fuera, su infinita felicidad; decid, _ pues, al Sefior joh angel soberano! que mi alma y cora- zon son todos suyos; yo le daré el sér que apetece en mi seno ; yo le amamantaré-4 mis pechos; yo lo acompaiiaré en su peregrinacion ; yo daré por fl mi vida. Bece anci- lla Domini. Il. Hé aqui, catélicos, el primer periodo de la vida | de Maria, en el cual arde su corazon en un amor que no conocian ni el Angel ni el hombre; desde que concibe en sus entrafias virginales al Hijo a Dios, empieza este amor 4 ser inefable, y hasta tiene ciertos tintes de infi- nito, porque tiende 4 asimilarse al amor increado que el eterno Padre tiene 4 su Verbo. Si; Dios engendra 4 su Hijo, dandole cuanto El posee esencialmente, su sabidu- ria, su omnipotencia, su inmensidad, su infinidad ; le co- munica por la generacion eterna cuanto es, eunnto tiene, produciéndolo esplendor en su gloria, figura en su sus- tancia, candor de la eterna luz; Dios se lo da todo, ménos las propiedades inherentes 4 la paternidad, por no ser comunicables, y Marfa respectivamente hace otro tanto con este Hijo de Dios. En efecto ; Marfa es hija de Abraham y de David, y «

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