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por la generacion temporal en el seno de una Virgen 4 la mortalidad de nuestra naturaleza, no lo es ménos cémo una hija de Adan ha podido ser elevada 4 concebir y en= ~ gendraren sus entrafias al que eternamente es engendrado por el Padre eterno, Dios de Dios, y luz de luz. Si no lo comprendo, no se me esconde entre tanto que Mariaabri- gue en su corazon estos deseos, porque Ella misma los declara cuando se ve en el caso de respondet 4 las in- terpelaciones de un embajador que la habla de érden del : mismo Dios. a En efecto ; estos deseos del corazon de Maria iban to- f mando una proporcion de aumento tan completo, que’ refluyendo, como dice San Bernardo, de la plenitud de su alma, habian llenado todos sus sentidos, habitando en Ella la gracia de una manera casi corporal. U¢ de ple- _nitudine mentis fecundaretur et caro. (Serm. 52 De Diver- si.) Cuando mas absorta se halla en la contemplacion de la aparicion ya inminente del Hijo de Dios, hé aqui que el angel Gabriel se la presenta, tan refulgente en su as-. pecto como pacifico en sus palabras y sublime en su ” - discurso. La llama llena de gracia, habitacion del Seiior, bendita entre todas las mujeres; y con la prudencia y : candor propios de una virgen, medita en silencio lo que Fe significara una salutacion tan distinguida y que tanto la privilegiaba. Todas las flores de la pureza se pintan en | 4 ‘ aquellas mejillas tan blancas como las de la paloma, y los tintes purptireos manifiestan la turbacion de aquella alma, que oye sus propias alabanzas por primera vez, — pues los hombres no se han atrevido jamas 4 hablar 4 la que miraban como un sér angelical, ni ha resonado en el santuario de su corazon otro eco que el de la humildad qnas profunda, con la cual se cree muy dichosa si con- sigue siquiera ser la sierva del Rey inmortal que debe dejarse ver. * Continuando el Arcangel su razonamiento, la dice que

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