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7 e “estos amores son dignos del hombre, y agradan & Dios; elprimero es herdico, el segundo es santo, y el tercero nos conduce a la adquisicion de la gloria: amamosa Dios con amor de amistad; lo amamos por nuestro propio bien; lo amamos con reverencia, huyendo del pecado, porque ofende la santidad infinita y nos hace desgracia- dos. Pero gpodremos amar 4 Dios con aquel amor que, su- poniendo en un objeto dignidad y acreencia, tiene por motivo el bien de ese mismo objeto amado? ,Podremos amar & Dios para procurarle algun bien? Examinémoslo. _ En el corazon humano hay un amor necesario, y es necesario, no porque no sea libre, sino porque es natural, y no puede ménos de existir, sin que la voluntad sea pre- cedida por el discurso, por ser el resultado de las causas naturales que obran en virtud de las leyes que las rigen; _ este amor es/el de la madre para con el hijo, Lo amaen sus. entraiias, y aunque salga de ellas como del primer lecho donde haya reposado, se traslada 4 otro que es mas sensi- ble, 4 su corazon, a sus cuidados, dice el Angélico maestro (1.* 2.*, queest. 10, art. 12), en donde vive siempre y respira el hijo. No hay sino dos amores de esta especie, infinite uno, yes el que Dios nos tiene, como nuestro Padre y Criador; limitado otro, y es el de la madre para con su hijo: aquél procede de una voluntad tambien in- finita é iffinitamente libre en sus obras; éste tambien proviene de un corazon libre en sus aspiraciones, pero arrastrado por la naturaleza y el instinto 4 amar al que \ es una parte de su propio compuesto. Este amor es el que se llama de amistad en grado mas que herdico, por- que, no sdlo aprecia en su justo valor al objeto amado, sino que todas sus aspiraciones no tienden sino 4 procu- rar el bien posible al que se ama. Ninguno puede mejor explicar esta verdad que aquellas madres en cuyo cora- zon laten los movimientos de un alma pura. I. He recorrido el florido campo del amor en todas

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