BCCPAM000591-3-12000000000000

eS, ria de un Dios , cuyas huellas estan marcadas en la tier= ra y en los mares. Lo hallaria, porque este Dios le pre— viene en sus caminos, le precede en sus deseos, le acompafia en sus aspiraciones, y lo confirma en sus obras; y despues de encontrarlo, diria con el alma ena- morada : «He dado con el que ama mi corazon ; lo tengo asido, y nolo abandonaré.» (Cant., cap. m1, 4.) _ i Noble corazon humano! ;Cuantos tesoros ha encer- rado en ti la Providencia! No hablaré de tantos amores como salen de este foco, contrarios entre si muchas ve- ces, sublimes y bajos, nobles y viles, celestiales y ter- renos, espiritualizadores y materializadores, recibiendo su calificacion del objeto 4 que tienden y de los efectos que causan ; pero si debo decir que el amor hacia la ma- teria es la inversion de las facultades intelectuales, que de dominadoras se convierten en siervas, asi como el amor 4 lo celestial es la expansion natural del instinto racional, conforme con los designios del Criador y con la inclinacion innata que tenemos 4 buscar nuestra di- cha en el objeto beatificador. Debo tambien afiadir que sdlo el amor 4 Dios es el que armoniza con la nobleza del hombre, santificando en este amor el que en el circulo de lo recto y de lo justo tengamos 4 las eriatarasy por estar subordinado al del Criador. | Entre tanto , catdlicos , 4cémo amamos 4 Dios? 4 Por qué lo amamos? {Para qué lo amamos? Amamos 4 Dios con aprecio, porque es la santidad infinita, la justicia y . la hermosura inefable; y cuando lo amamos de este modo no pensamos en las-penas del precito , porque donde hay amor puro é interno hacia Dios, no sdlo por sus bellezas increadas, sino tambien porque en este amor nos ha pro- metido El mismo que hemos de encontrar una felicidad sin fin, amamos 4 Dios, y mezclamos nuestro amor con un temor reverencial, pues podemos perder su amor por el pecado, y con él el derecho 4 la patria celestial. Todos

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz