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bres en su unidad esencial y trinidad de personas. Mi- sion tan extraordinaria apénas parece que pueda caber en una criatura, pues para decir al mundo lo que es Dios en su naturaleza, sdlo se concibe que pueda hacerlo el mismo Dios, que se comprende perfectisimamente 4 si mismo; pero desde que este Dios se hace Hijo de Maria, como Madre conoce su naturaleza, sabe sus propiedades y tiene el cargo de ensefiarselas 4 todos los hombres, por- que el fruto de su vientre no solamente es Hijo de Dios, sino hijo tambien del hombre. Asi es, catélicos; unidas en Jesucristo las naturalezas divina y humana en una sola persona divina, no puede conocerse al hombre sin conocer tambien al Dios, pues es una misma personalidad. Maria concibe y engendra a este Dios, y son tan extensas las relaciones naturales que adquiere con la Divinidad , que al ser elevada 4 con- cebir al Hijo, necesariamente se une con intimidad al Padre. No puede concebirse que el Hijo venga a ser me- diador sin que suponga la existencia de una persona divina que lo envie en virtud del derecho de paternidad que tiene sobre El; ménos puede entenderse que este * Hijo pueda sitisthiont a la justicia divina, si no es Dios igual y consubstancial al Padre, porque es preciso que para borrar una ofensa infinita, el mérito de la satisfac- cion reciba un valor infinito. De aqui es que el Hijo ne- cesariamente ha de ser de la misma naturaleza y esencia que él padre, uno como EF], indivisible en sus atributos, porque no pudiendo darse dos séres infinitos , atendido que uno excluye la existencia del otro, en la mision del Hijo que cumple la voluntad del Padre y se humilla en la naturaleza que toma, se ve claramente la unidad de esencia con la personalidad del Padre que engendra y ™ del Hijo que es engendrado. — _ jCudnta luz derrama esta sola verdad en las inteli- gencias humanas! Aquel Dios que con su palabra crié al : a ,
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