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3th ¥ en la divina, que es el oficio ie mediador entre la Divi- nidad ofendida con justicia, y la humanidad criminal que no tiene fuerza para satisfacerla. Se revela.este mismo Hijo, que, indivisible con su Padre en la naturaleza, desciende personalmente 4 las entrafias de una Virgen, y sin dejar de ser Dios de Dios, luz de luz, resplandor de la gloria increada y figura de la sustancia del Padre, se reviste de nuestra naturaleza , tomando un cuerpo como el nuestro, y sometiéndose a todas las miserias inherentes 4 su esencia de criatura débil y perecedera, que empiecen por el vagido infantil de la cuna, y con- cluyan con el suspiro triste de la muerte. Se nos mani- fiesta tambien el Espiritu Santo, cuya virtud divina, cu- briendo con la blancura de sus alas el candoroso corazon de una Mujer, forma en ella aquel cuerpo que ha de ser animado con la presencia real y personal del mismo Dios de quien El: procede; para que ninguna criatura sino Maria tenga participacion en estagran obra, concurriendo a Ella solo el Padre, que envia; sdlo la persona del Hijo, que se humana; sdélo el Espiritu Santo, que organiza el sagrado cuerpo del Verbo divino. Todas estas sublimes grandezas se desprenden del misterio de la Encarnacion; pero si quitamos 4 Maria, si la apartamos de esta empresa divina, el mundo de.las in- teligencias quedara tan tenebroso como quedaria el mun- do material si de repente subiese el astro del dia al espa- cio de Ja superficie donde giran las estrellas. Maria es el astro luminoso que esclarece nuestros espiritus, y al aparecer entre nosotros como Madre de Dios, nos con- duce infaliblemente al mds exacto conocimiento del Hijo,, y por medio de éste al del Padre y el Espiritu Santo; porque con cada una de estas tres diyinas Personas la unen relaciones que, siendo realmente distintas como ellas mismas, se identifican y singularizan por el objeto, que no es mds que uno: el de mostrarse Dios 4 los hom-
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