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310 fiesta su gloria, como Unigénito del Padre, redundante en gracia y lleno de verdad. — El fundamento de nuestra fé es la existencia de Dios. uno en esencia y trino en personas, que siendo realmente distintas, y procediendo el Hijo del Padre, y el Espiritu Santo del Padre y del Hijo, no tienen sino una misma esencia y naturaleza, con los mismos atributes. Por mas agigantada que quiera mostrarse nuestra inteligencia, no puede comprender cémo una naturaleza deje de multi- plicarse, multiplicandose las personas; era necesaria la revelacion del mismo. Dios para conocer esta verdad, cuya existencia, sino repugna 4 la razon, se le esconde siempre bajo el velo impenetrable del misterio. Cono- cerla, equivale a saber todos los secretos de la Divinidad, _ todos los resortes desu sabiduria, y toda la economia de su providencia. La creacion del mundo, la*formacion del” hombre, su caida, su levantamiento, todo es un miste- - rio oculto 4 la ciencia humana; pero no bien se deja ver . Maria, todos leen en Ella, comoenun “aa libro, quién es. Dios, qué personas tiene, cémo se llaman, qué objeto tiene en sus obras, y qué vale 4 su vista y presencia el hombre, pues todo lo ensefia Maria con mostrarnos 4 su Hijo. Todo esto aprende la humanidad con la maternidad de Maria. | ; En realidad, es sorprendente cémo Dios se al de una pura criatura, para manifestarse por medio de Ella y hacerse conocer de todos; pero brilla en esta obra la sabiduria eterna, que escoge los medios en proporcion con la debilidad de las criaturas que quiere santificar y elevar hasta si. La manifestacion de Dios 4 los hombres en la Encarnacion de su Hijo es el hecho mas portentoso, mas alla del cual no puede ir la omnipotencia. Se descu- bre en El la persona del Padre que impone al Hijo el precepto de venir al mundo, para que, tomando. carne humana, haga en esta naturaleza lo que no puede hacer ie cee Se aa Be le ott a Ma Peja

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