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Sin embargo, recorramos someramente las nociones _de un pueblo privilegiado por su comunicacion con la naturaleza divina, 4 quien adoraba ofreciéndola sacrifi- cios, y advertiremos que si conocia 4 Dios en su unidad, no pudo dar un solo paso mas en un asunto tan intere- sante para el hombre. Acostumbrado 4 oir sus acentos. entre el fuego y las detonaciones del Sinai, 4 ver su poder desarrollado con horribles plagas en Egipto y con azotes én el desierto , y 4 sentir la presencia de su gloria entre nubes caliginosas, la idea que tenia de Dios era verda- deramente sublime, pero al mismo tiempo aterradora. 4Quién se atreviera 4 hablarle cara & cara? ,Quién osaba levantar hacia £1 sus ojos sin morir de repente? Era, por tanto, un Dios escondido para el descendiente de Abraham, como lo era parael hijo de la ley natural. Vieran unos los vestigios de la Divinidad que desconocieron ; oyeran otros la voz de este mismo Dios; pero no tenian valor para dirigir una mirada 4 su rostro, temerosos unas veces al ver los efectos de su justicia, deslumbrados otras por la refuigencia de la luz que despedia. En el seno de esta nacion hay algunos biotite ing- pirados que conocen 4 Dios y reciben sus érdenes ; oiga- mos 4 uno por todos. «;Cuanta gloria rodea al trono de Dios! ;Qué majestad y grandeza! ;Qué fuerza la de su brazo! ;Qué pavor el del mortal cuando los queru— bines de Isaias no se atreven a levantar sus ojos! «Se- fior, dice Abacuc, he oido tu voz, y temblé.» Saldra Dios rodeado de esplendores, con gran pujanza de virtud en sus manos; delante de El marchara la muerte, y el diablo caminara delante de sus piés. Eché una mirada, y disolvié las gentes, y se omnieeeon los collados del mundo. Tan pronto como vieron su marcha, se inclinaron los montes eternos. Armara su arco, cortara las fuentes; llo- raran los volcanes, se secardan los rios; el abismo dié gri- - St liane "SRA leat ue
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