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- 307 azul en los cielos, trasparente en los aires, cristalino en Jas aguas, diafano en los vidrios, duro en las piedras, jnmundo en las orduras, cruel en el asesino, sanguinario en el tigre, y perverso en el malvado. Tal era laidea ver- -daderamente horrible que se tuviera de Dios en las escue- Jas de la razon humana divorciada del sagrado consorcio | “de la Divinidad. No sdélo no se reconocia su existencia, sino que, no pudiendo negarla, se le quitaba la espiritua- lidad , dandole Ja extension, lo alto y lo profundo que constituye la esencia de la materia: bien pudo decirlo San Agustin , aludiendo 4 esta situacion. Pero fijemos nuestros pasos en un terreno mas hala— giiefio: la razon humana, libre de los negros nubarrones del error, estudia la armon{a de la creacion en la brizna de yerba y enel cedro del desierto, y recorriendo la gran ‘escala que media entre la chispa que sale de la colision de dos piedras hasta esos globos de fuego que con majes- tuosa marcha recorren la bdéveda del cielo y matizan la techumbre del mundo, no puede ménos de decir que hay Dios; gpero quién es este Dios? gDdnde habita? ,Es un Sér aislado, que se place en habitar en las alturas? ,Es un Sér abstraido y ensimismado, que no cuida de las criaturas, que ven sus pasos por todas partes , y aun sien- ten dentro de si mismas una especie de soplo celestial, que no se parece 4 nada de lo visible, y representa en sus operaciones lo que no tiene ni puede dar la materia? ,Vive acaso solo, sin haber engendrado algun hijo que sea el objeto de su ternura paternal , y que se le asimile en todo? Si tiene este hijo, ghay entre ellos algun vinculo que los -estreche mds intimamente y los haga tan felices en-su existencia como inseparables en sus operaciones? Nada de esto puede conocer la razon natural por si misma, y ni aun puede ocurrirsele , por mas que pretenda el racio- nalismo que se le ocurrid 4 uno de los hombres mas aven- tajados en los estudios filosdficos.

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