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su naturaleza yatributos infinitos, sino en sus propieda- des? ; Ah! ,Quién noalaba y bendice al Dios amoroso que esconde tambien bajo de un velo fabricado por El mismo todos los resplandores de su esencia, para que el hombre la contemple dun agobiado como esta en esta vida por ja pesadez de los sentidos? Hay una distancia infinita | . entre Dios y nuestra alma, y se arrostra; hay un im- pedimento insuperable entre los sentidos corporales y el espiritu increado, y Dios prepara un medio de poner en contacto lo que aquellos no pudieran palpar. Este medio tan eficaz para conocer 4 Dios, es una criatura, es Maria. -Abstraigamonos por unos momentos del conocimiento que tenemos de la naturaleza divina, y examinado el estado de la humanidad sin tener en su seno a esta Hija gue la ha ennoblecido, 6 desaparece de ella la noticia de Dios, 6 no se le conoce tal como es. La humanidad idé- latra, la humanidad profesando el dogma de la unidad divina instruida por la razon natural y por la voz de un legislador inspirado, hé aqui el estado del mundo anti- guo. Recorrerla en su primera fase es entrar en un hor- rendo laberinto de errores 4 que se precipité el linaje humano olvidado de los preceptos que la razon eterna prescribe al hombre, y adoctrinado por sabios toscos y groseros que ensefaron a doblar la rodilla ante un pedazo de piedra pulimentada, bajo cuya figura, hija del capri- cho, pretendian representar el espiritu increado. Es las- timoso él cuadro de unas criaturas sin Criador, de un mundo ordenado sin ordenador, de séres conservados en su instinto y naturaleza sin providencia, pues el acaso lo habia producido todo. Mas triste es atin la idea de que el bien y el mal tuviesen dos principios, ambos eternos “y con iguales fueros de divinidad; yes horrible el pensar que la ciencia humana viese la sustancia divina materia- lizada en cuanto se objeta 4 los sentidos , haciendo a Dios sia ty Reticence eyelet ts sta

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