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puesta de sustancia material y de alma racional. Dios, en verdad, se nos presenta por todas partes, pero no ve- mos sino sus huellas; entre las turbas de los astros se — oye un eco celestial que publica su gloria, y la sucesion de los dias esta demostrando la permanencia y estabili- dad de un Sér infinito que los dirige; entre las variadas flores se descubre su belleza; y hasta los gusanos que se embozan en sus capullos, y los insectos alados que con tanta delicadeza y simetria labran su blanca morada, depositando en ella el meloso néctar, dicen 4 nuestra alma que existe una Sabiduria eterna que ensefia a todo viviente lo que Ella no ha aprendido de nadie. E] bramido de los aquilones y el furor del vendaval, el suave aliento de las brisas y el murmurio de los riachuelos, los saltos del cordero y los arrullos de las aves, el rugido de las fieras y el melodioso cantar de los ruisefores, todo nos. esta diciendo que hay un Dios. Pero por mas que lo bus~ quemos, no lo vemos como £1 es en ninguna parte; pues, como afirma Isaias, es un Dios verdaderamente escon- dido (xiv), y segun Job: 4Quién dara alcance 4 sus hue- ‘llas? 4Quién encontrara perfectamente al Todopoderoso? ' (Job, cap. x1, 7.) ; ¥ gen qué consiste esto? En que nuestra alma , 4 pe- sar de ser espiritual , como obra en sus percepciones por medio de los sentidos , quisiera hacer sensibles aun 4 los séres que no estén compuestos de partes divisibles: sa- _ bemos que hay angeles que son espiritus inmateriales, y__ no podemos someterlos 4 nuestra comprension sino dan- doles el contorno de un cuerpo juvenil lleno de belleza, con alas para volar, para demostrar su agilidad y su her- mosura; sabemos la existencia de mil verdades metafi- sicas y especulativas, y comprendemos cuantos teoremas se nos presentan en las ciencias exactas, y nos vemos obligados 4 explicarlos por medio de guarismos materia- es perceptibles 4 nuestra vista, y si ésta falta, 4 nuestro Bis

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