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Be pce raleza un rocio fecundador, 6 aglomerdndose con pausa entre mil colores de nacar y arrebol, da al viajero una luz apacible y consoladora, cubriéndolo para que las cen- tellantes rafagas del sol no hieran sus pupilas. Ved, ‘sefiores, lo que es Maria, y vamos 4 examinar su altisi- ma mision, para que no despreciemos un medio tan ade- cuado y tandulce como Dios nos presenta para que le conozcamos. Saludémosla antes con el angel: Ave Maria. Cuando dos naturalezas distan entre si por grados in- finitos, no es posible que la limitada se aproxime 4 la infinita , si ésta no proporciona a aquélla los medios con- ducentes 4 la union. Sin estos auxilios, todos los esfuer- zos seran inutiles para la naturaleza inferior, que jamas puede salvar un espacio inmenso. En esta. situacion se encuentra el angel respecto 4 Dios, pues, & pesar de su espiritualidad, si Dios no se le manifestara y auxiliara la debilidad inherente a la criatura, nunca tendria suficien- cia para conocer con perfeccion la naturaleza divina y sus atributos, que, siendo eternos é infinitos, no pue- den entrar en la esfera de una comprension que reco- noce limites. Aun asi elevada la naturaleza angélica 4 la contemplacion intuitiva de la esencia de Dios, gcreemos acaso que los angeles la comprenden? La comprenden, en verdad, pero no en Ja inmensa latitud de su esencia, sino segun la capacidad de que ellos son susceptibles; es grande ésta, es incalculable; pero dista infinitamente de la naturaleza divina; sdlo Dios se com prende 4 si mismo y se ve tal como El es; porque su vista es como su for- ma, simplicisima, infinjta, eterna. La dificultad de ver 4 Dios y de conocerlo crece de una manera prodigiosa tan pronto como nos trasladamos de la naturaleza puramente espiritual 4 la humana, com-

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