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Ella las naciones, y aun la acatan como una cosa celes— tial hasta los pueblos que no la conocen perfectamente. Hirieron 4 la humanidad despues de la culpa primitiva, fué la ignorancia; lo que en épocas més tardias aconte- ciera en la region del Nilo, no es mas que un trasunto del estado de toda la humanidad despues de la prevaricacion de su primer padre; se envolvié el hombre en un denso manto de tinieblas, que no le dejaron ver la verdad reve- lada, y desconociendo al Dios que le esta manifestando su existencia en cuantos objetos pueblan los cielos y la tierra, inventaron falsas divinidades, 4 quienes rendian el culto debido al Numen celestial. Pero Dios, que en su amor habia elevado al hombre en su creacion, adornando su alma de sus dones para que — lo conociese y lo amase, determind, al verlo degradado desu primitiva dignidad, proporcionarle el medio, de que tenia que resultar la disipacion de las tinieblas y la di- fusion de una luz tan copiosa, que con sus suavisimos resplandores iluminase 4 cuantos la viesen. Subird, pues, Dios sobre una ligera nube, y como un triunfador que al recorrer las provincias dominadas se anuncia antes con la clemencia y las donaciones, y depone todo el brillo y -aparato exterior para no causar espanto 4 los débiles y » -ganarse el corazon de todos, se pasearia por todos los pueblos del mundo, diciéndoles que su mision era de paz y de amor. 2 Esta nube trasparente y ligera que sirve de carroza al — Dios que nos visita, es Maria, en quien no podemos mé- nos de reconocer el medio por donde sube la humanidad al conocimiento de Dios; no es una nube tenebrosa que, llevada con fragor en alas de los huracanes, despide fuego y arroja rayos y pedriscos que aterrorizan, ni un con- junto de nubarrones que como burda manta oculta la vista del astro meridiano, sino una nubecilla que, dilatandose con el ligero soplo de los céfiros, derrama sobre la natu- 4 a i 5 4

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