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: $s - te 3 eae ae. x * tae nos ejercicios religiosos en honor de Maria; pero lleva- : a mos al templo toda la vanidad del siglo, las modas des- Bas _. tructoras de nuestra antigua compostura , y algunas veces hasta el desacato y el impudor. No hay armonia entre eae nuestras creencias y nuestras obras, y por consiguiente, a -no podemos gloriarnos de eorréaponder como hijos al amor de tan santa Madre. Por eso, amados mios, la Sivstndad se muestra tan es ‘ audaz en ir poniendo una zapa al edificio del Catolicismo; | hemos introducido entre nosotros el lujo del paganismo, ‘ * nos hemos afeminado, nos hemos enervado entre los mu- . -Ilidos almohadones de una sensualidad asiatica , y sin que nos cueste mucho esfuerzo, hemos pasado insensible- ; mente del sensualismo 4 la indiferencia, de ésta al aban- ‘ - dono de las santas tradiciones , y de aqui ira precipitan- dose poco 4 poco la sociedad en el vertiginoso seno de la incredulidad. Para evitar tamafia desventura, volvamos — nuestras miradas 4 nuestra Madre, imitemos sus virtu- des; y en el retroceso al antiguo modo de vivir, que fuera austero, severo y cristiano, entreveremos el triunfo de la ‘. : verdad, la derrota de la mentira, y se nos presentara en lontananza aquella feliz mansion desde donde Maria manda con imperio 4 los espiritus malos para que no nos dafien , envia sus Angeles para que nos favorezcan, y dice 4 su Hijo, mas eficazmente que ‘Esther & Asuero , que la conceda la gracia para su pueblo, objeto de su amor, en 7 el tiempo y en la eternidad, que os deseo. Amen. 4 be * j PSP cil a 7 ae 2 ot Dee eh Si be Res St 1 Rigg Pdi icalth ae ee

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