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\ que quiere anonadarse; pero este principio no se reali- zaria si Maria no dijese al Angel embajador que estaba dispuesta 4 cumplir en todo la voluntad divina; la san- gre que nos merece la redencion es de Dios, pero origi- nariamente es de Maria, pues de ella se ha tomado; la victima que espira en un madero es duefia de dar su vida y de tomarla, y se ofrece por su propia voluntad; pero este cuerpo y esta vida son dados por Maria, y Ellalo ha engendrado, Ella lo ha nutrido, Ella lo ha cuidado. De ‘manera que Maria tiene una parte activa en los resulta— dos materiales de la Encarnacion del Hijo de Dios, y como verdaderamente interesada asiste a todas las escenas de su vida y de su muerte; era, por lo mismo, conveniente que tuviera tambien participacion activa en los resulta— dos formales de la vida y muerte de su Hijo, que eran la glorificacion del hombre divino y la salvacion de los hombres. Podia Dios mandar que se la invocase y se la reco- nociese como Reina y Sefiora del mundo; pero como El es todo amor, quiso tocar las fibras del corazon humano en lo mas delicado y armonioso que tiene, en el amor maternal. Asi manda 4 su Madre que lo sea de los hom- bres, y 4 éstos que se porten hacia Ella como hijos. #cce jilius tuus; ecce mater tua. 4Qué consecuencia se des- prende de este decreto divino? Que asi como en el érden natural nadie puede nacer, ni robustecerse, ni sér varon perfecto sin la concomitancia de la madre, asi en la .re- generacion espiritual ninguno puede salvarse ni blan- quearse con la estola de la inocencia si no lo engendra, y lo nutre y lo cuida la Madre de Dios, porque es cons— tituida por El Madre de todos los hombres. Jesus muere, quedando sus discipulos dispersos unos, consternados otros, y desanimados todos; pero en su lugar queda su Madre, para que lo sea de los Apdstoles. Y en efecto: Ella recoge 4 los dispersos, consuela 4 los afligidos, for-

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