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Tin | mets E f Re By Un nuevo érden de eosas empieza desde este momento en el mundo; los ¢orazones humanos reciben un impulso sagrado , elevandolos Dios hasta si mismo por lo que en ellos es lo mas noble y lo mas puro, que es el afecto ma- ternal. Los hombres deberdn amar 4 Maria como 4 su propia madre, y por ella escalaran los espacios para lle- gar 4 amar 4 Dios como 4 su hermano. Por su parte, Maria no podra ménos de amar a los hombres, porque su ‘maternidad divina empieza 4 ser tan fecunda, que des- pues de haber engendrado a Dios, va 4 engendrar tambien en un 6rden espiritual y sobrenatural 4 todos los hom- bres. ¢Qué amor ha de ser éste que Maria ha de profesar 4 Jos mortales? El mismo que tiene, a su Hijo, maternal, - purisimo, desinteresado y herdico. ,Qué encontraran los hombres en esta nueva Madre? Cuanto hallé Jesus, y,atin ' mas todavia, porque Jesus no necesité de Maria mas que la naturaleza humana para morir en ella; pero los hom= bres tenemos necesidad de la gracia divina, que es el mismo Jesus , y ésta nos ha de venir por Maria. ‘De.este modo se resuelve el gran problema de la ma- ternidad divina; Dios no habia de ostentar la fuerza dé su poder para reducir la pujanza de su brazo al corto pe- riodo de treinta y cuatro aflos. En todo este tiempo ha llamado & Maria con el dulce nombre de Madre; ha reci- bido de Ella el carifio y los cuidados, el amparo y pro- teccion de que necesitaba en la humillacion 4 que se sometiera ; pero asi como no podia cesar la maternidad de Maria porque su Hijo es Dios, tampoco podian sus- penderse ni por un instante los oficios de esta materni- dad. Eran innecesarios para su Hijo natural, que estabaa punto de consumar la gran obra de reconciliacion; pero , 8e harian indispensables para sus hermanos, que asumia y conquistaba para su gloria , dejandolos por algun tiempo en este valle de lagrimas, que no podrian atravesar sin la ‘compafifa amorosa de una Madre- Dios, por lo tanto, cede

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