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de que ha adornado 4 Ja naturaleza racional. Maria ama > al Sér infinito por sus perfecciones , y une 4 este amor, puramente espiritual, el amor sensible de la maternidad, ; porque concibe 4 este Dios, lo engendra y lo educa: Dios ama 4 Maria por ser criatura suya; ylaama, porque ve por experiencia propia, cuando es nifio, toda su ternura; cuando mancebo, sus desvelos; cuando jéven , su solici- ~ tud, y cuando varon paciente, sus penas y dolores. Todo esto, repito, es incomprensible , y nos vemos precisados 4 exclamar con San Agustin: «jOh milagros! ;Oh prodigios! ;Oh misterios! ;Oh union nueva é inaudita! Dios, que siempre fué y es Criador, se hace criatura; el inmenso se limita, el rico se hace pobre, el invisible se deja ver, el impalpable se palpa, y el incomprensible se comprende.» (Sermon 9.° De Nativitat.) _ Entre tanto, por medio de estas operaciones natetiles da los afectos del Hijo y de la Madre, realzados con la presencia de la Divinidad, Dios elevaba los sentimientos del corazon humano @ tan alto grado de perfeccion, que no fuera conocido, ni dun de los mismos serafines. Pero gquién no entona un himno de gratitud al cielo al ver lo que pasa entre el Hijo y la Madre en el tiltimo momento de la vida de Aquél? Cuando el cielo enlutado no despide un rayo de luz sobre la escena del Gélgota; cuando el tropel de enemigos de Jesus empieza 4 sentir cierto temor en sus corazones por el homicidio que han perpetrado, cuyas circunstancias empiezan ya 4 calificarse de deici- dio sacrilego; cuando no hay apénas en el mundo mas que dos afectos nobles y dignos, el de la Madre que tiem- bla de pena, y el del Hijo que espira entre tomentos: hé aqui que éste mismo Hijo, sin renunciar al carifio de su. Madre, le da un destino nuevo, manddndola que en ade- lante todo hombre sea tenido por hijo suyo, y todo viviente racional pueda llamarla su Madre. Mulier, ecce filius twus:. ecce Mater tua. ac a eae Na sate
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