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k le viene el primer alimento; cuando entre regalos y pla- ceres ve la madre medrar 4 su hijo, gqué quereis que os diga? Parece natural que lo que no ha costado mucho, no puede apreciarse mucho: por otra parte, Jas muchas co- modidades y riquezas son el pabulo del egoismo, y donde hay egoismo es dificil que exista el amor puro. _Mas si 4 los trabajos dela gravidez van unidos los de la adversidad; si el hijo querido se ha visto entre peli- gros; si en la misma cuna ha sido visitado por las ase- chanzas de la muerte, y ha salido salvo de todo, entonces es cuando el amor de la madre nace de nuevo en el cora- ‘ zon, y se robustece, como acaece al roble agitado por el vendaval, que se encuentra mds lozano y vigoroso des- pues del movimiento del huracan, como si conociera que en el ensayo de su resistencia se habian aumentado sus fibras vegetales.. ; Ah! El amor de madre es un arcano de la naturaleza. ;Qué puro es! ;Qué entero! | Qué elo- cuente! Lo examino en la esposa del rabadan que ama- manta 4su hijo junto a la sombria haya del bosque, y no _ puedo ménos de bendecir al Sér divino por las riquezas— que da al corazon humano. ;Qué ideas tan precisas, qué conceptos tan sublimes, aunque expresados en lenguaje tosco! Para la madre, el hijo es una perla preciosa, es la azucena del valle, la violeta del ribazo, el sol del medio- dia, es su pensamiento intimo, su gloria y hermosura. Pues bien: este amor noble é interesado en las ricas matronas, sencillo y elocuente en la zagala, carifioso y activo en todas, y herdicoy sublime en aquellas madres que apénas han sellado las mejillas del hijo sin regarlas con lagrimas de dolor ; este amor, tan vario en sus fases y concéntrico en su objeto, vive en el corazon de Maria, dirigiéndose todo 4 su Hijo, que es tambien el Hijo de Dios. Lo contempla Rey de los siglos , heredero del Eterno Padre, trasunto de su substancia, y esplendor de su gloria, y lo ama mejor que las princesas que ven la 4
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