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Ss nuestra alma y de todos los sentimientos generosos de nuestro corazon, habla nuestro propio lenguaje, y trata amistosamente con ellos. Es decir, que purificando los sentimientos del corazon, é inspirandole amor y ternura, se forma entre Dios y Ja humanidad un vinculo de oro, que sin violencia ni coaccion liga.al cielo con la tierra, y hace de Dios y los hombres una gran familia, en la que los intereses son miituos , las relaciones naturales y el carifio reciproco. Y¥ esto no se puede realizar sino con la maternidad divina de Maria: férmanse primero entre Dios y Ella las ‘relaciones anejas 4 la maternidad y la filiacion, y luégo el mismo Dios traslada en santo legado 4 todos los hom- bres sus propios derechos naturales, que los unen al co- razon de su madre, aceptando ésta en el srden moral respecto de Ja gran familia de Adan, lo que debia hacer en el natural tocante a uno de sus individuos , que era el mismo Dios. Desde que Maria es Madre de Dios, es easi necesario que lo sea de todos los hombres en la genera= cion espiritual; porque quien ha concebido en su seno al Inmenso é Infinito, tiene hacia su Hijo un sentimiento de amor de una intensidad infinita; por mas que este afecto se derrame en toda la humanidad, hay afecto para cada uno de sus individuos, por recibir su calor del fue- go mismo de la Divinidad; y no lo debemos extraiiar, pues asi como el dolor que padecié Maria en la muerte dé su Hijo fué tan intenso, que si se repartiese entre to- das las criaturas moririan todas, no pudiendo soportar su enorme peso, asi el amor que Maria tiene a su Hijoes de tal dimension, que, repartido entre todos los hombres, es bastante para que sus corazones se abrasen en el amor de lo bello é infinito. ' Cuan admirable y magnifica sea la selidueta divina en la realizacion de este plan sublime; cuan ciertos y ventajosos sean los resultados para los hombres, se des= i ta ae a canta ibs ab eet Nan abs a at ai Pinte 7 a i e ea
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