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Pee ee tee Pre. 4 282 deseos corrompidos, 6 la victoria de la razon superior si sigue ésta las ilustradoras influencias de la gracia celes- tial para reprimir los impulsos brutales de la carne y del sentido. Lo que el divino Pablo decia de si mismo en sus car- _ tas inspiradas, no es mas que un trasunto de lo que pasa por cada uno de nosotros. «Veo en mi carne, dice, una ley repugnante 4 las ideas de mi espiritu, y que demues- tra sin cesar sus conatos para imponerle las cadenas del dominio; son dos hombres que dentro de mi mismo se disputan la supremacia; hago lo bueno, queriéndome arrastrar & su ejecucion lo malo; no lo quiere mirazon, y, con todo, pretende obligarme 4 ello la concupiscencia. De lo que se desprende necesariamente que el sentimiento es un agente vigoroso que, recibiendo el principio de su actividad de los sentidos, puede contribuir en nosotros a la realizacion de bienes morales de inmensa valia, asi como nos ocasiona males de una trascendencia incalcu- lable. . let _Al hablar del sentimiento, nos concretamos 4 la parte mas noble de nuestra alma, que, rebosando siempre en deseosy aspiraciones, se levanta & la contemplacion de las bellezas infinitas, en vista de las hermosuras que ma- tizan los cielos y pueblan la tierra, 6 se llena de santo gozo cuando con amor puro se dirige 4 sus semejantes, ora congratuldndose con ellos en sus bienes, ora tomando’ _ parte en sus aflicciones y males , aqui afeccionando con ternura y santidad al padre, al hermano y al esposo, y alli _ estrechando en su seno al amigo. ;|Qué! gHubiera Dios dado al hombre la sensibilidad mas que para lo que es bueno? Si en la defeccion del primer hombre la concupiscencia, cual infernal arpia, arrojé su -aliento inficionador sobre la razon, si ésta qued6 turbada y oscurecida; si los deseos que, como el suave vapor del incienso, debian subir al cielo se condensaron y agarraron fuertemente 4 la tierra,

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