BCCPAM000591-3-12000000000000

la humanidad es la herencia del Hijo, porque el Padre se la ha dado en patrimonio, y de toda ella ha de ser Ma- » dre Maria; es su herencia, es su pueblo; y tanto interés tiene en su salud el Hijo que lo ha de redimir, como la Madre que lo ha de engendrar en las entrafias del amor. Se descubre aqui, catélicos, un bello conjunto de ver- dades respecto 4 los atributos divinos; pero descuella, entre todas una, y es que Dios, al tratarse del hombre, parece que se olvida de su justicia, y sdlo tiéne presente su misericordia; porque, no s6lo le perdona la culpa, sino que le proporciona una Madre que ruegue sin cesar al cielo para que mitigue sus iras. El fandamento , por tan- to, de nuestra devocion 4 Maria es divino. La relacion natural que une en un mismo punto el corazon del pro- genitor y del engendrado, que identifica los intereses y hace comunes las penas y las alegrias, constituye ese gran centro de unidad en que yo veo reunidos los cora- zones de todos los hombres atraidos al corazon de Maria, y por éste al del Hijo, y por el del Hijo al del Padre ce- lestial. La gran distancia que hay entre nosotros y la Di- vinidad , la necesidad que tenemos de acercarnos a Ella, engendran en nosotros ese deseo que nos persigue sin tregua de elevarnos hasta Ja belleza infinita, para parti- cipar de su dicha increada; pero Dios es justo, y nosotros pecadores ; Dios es infinitamente Zico, y nosotros somos. pobres, necesitando sin.cesar de su gracia. Tememos, y con razon, porque no somos dignos de su amor; pero para salyar la distancia inmensa que hay entre Dios y lacriatura, para disipar nuestros recelos y levantar nuestra pusilanimidad, Dios nos muestra 4 Maria , quien, siendo Madre de Dios, lo es de los hombres, y ruega por. su pueblo, dirigiendo simultaéneamente sus acentos al cielo para pedir gracia, y al mundo para. ofrecerle amor y misericordia. Dona mihi populum meum, pro quo ob- Secro. t

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz