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° gg su prevaricacion. Mas aquién es capaz de echar la sonda — en el inmenso piélago de los atributos divinos? Sin desni- velarse ni descomponerse la armonia que estos tienen en- * tre si, hé aqui que Dios dirige al hombre criminal y pros- crito sus acentos de Padre compasivo, y en lugar de un amor paternal, que ha conculcado el hombre rebelde y que ha querido perder, Dios lo confirma en su primer amor, afadiendo el afecto de un hermano, la mediacion de un hijo, la ternura de una madre. jCuanto amor! ;Cuanta grandeza hay en las ideas y acciones de la esencia di- vina! El paraiso es el primer teatro del crimen, y1 no bien . 6ste se ha consumado, cuando se deja ver la aurora dela gracia disipando las tinieblas de la culpa, y el Hijo de Dios redimiendo al mundo y llamando & los hombres sus hermanos engendrados enlas entrafias de la misericor- dia infinita, y en el corazon de una mujer, que, siendo Hija del pecador, es destinada 4 ser Madre de Dios. 4Quién es esta Mujer'tan grande que ha de contener en su seno a todo un Sér inmenso? 4Quién es esa Mujer tan carifiosa, en cuyo corazon ha de haber bastante ternura para corresponder 4 la que su Hijo Dios la ha de profe- sar, dandoa cada uno de los hombres una parte tan co- piosa de este amor, que no tenga ninguno suficiente cau- dal para corresponderlo con equivalencia? _ Adin est@ el mundo arrollado en los paiiales de su infancia cuando tiene ya una Madre que reemplace dig- namente y con ventaja 4 la primera, que es el tronco y raiz de toda la humanidad que por su culpa se ha vicia- do. Maria, prevista en los consejos divinos, y predesti- nada 4 concebir en sus entrafias al Hijo de Dios, aparece en el paraiso como la intercesora y medianera que une sus ruegos a los del Hijo de Dios, que en el momento de la defeccion del hombre interpone su valimiento para con su Padre, para que Adan no perezca para siempre. Toda ie

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