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ee miutacion, porque para siempre es la Madre, la Hija y la Esposa de Dios. * Asi estan tan intimamente unidas las excelencias de Dios con las de Maria, que quien pretenda quitar una sola de las de la Madre, tira el lodo de la ignominia al Hijo. De ahi el que no puede concebirse la existencia de. Maria sin admitir su inmunidad de la culpa, como que ella era la que venia a4 estrellar el ménstruo del pecado, a cuyo dominio no podia estar sujeta ni por un instante; de ahi es tambien que, consagrada por el Espiritu Santo, no puede concebirse su carrera mortal sin admitirsu virgi- nidad antes del parto, porque El era su esposo: su virgi- nidad en el parto, porque quien salia de su talamo era el Hijo de Dios; y su virginidad despues del parto, porque la que una vez fué templo de Dios, no podia profanarse; Ja que no aceptaba la maternidad divina si no conservaba su virginidad, no podia ser madre de ningun hombre © habiéndolo sido de Dios. De ahi es tambien que, 6 es preciso arrancar temerariamente estas excelencias 4 Ma- ria, 6, una vez admitidas como verdades dogmaticas, es preciso confesar que la Madre en el cielo participa res- pectivamente del mismo honor que su Hijo. A Vanamente, pues, se gloriara de honrar4 Dios quien no conceda4 Maria cuanto le corresponde por su digni- dad: Hija de un Padre que no engendra 4 su Eterno Hijo sino entre los resplandores de los Santos, y 4 quien cor- responde todo honor y toda gloria; Madre de un Dios a quien toda criatura debeadorar y todo hombre agradecer los beneficios de la Encarnacion y Redencion; esposa de un Dios que santifica las almas, asiste 4 su Iglesia, for- . tifica 4 los fieles y confunde el error; Maria es Santisima en su Concepcion, Santisima en su parto, Santisima en su vida, Santisima en el tiempo y Santisima en la eter- nidad; Maria es la Madre de la Iglesia, Madre de la gra- ' cia, Madre de la piedad; Marfa es la fortaleza invencible, TOMO II. 18

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