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¥ rint., cap. 11, 11.) Jesucristo, desde el momento en que resucita hollando la muerte, vive eternamente, yno vive sino para reinar ; reina sobre los angeles, porque son sus ministros; reina sobre el infierno, porque es su trofeo; reina sobre los hombres, porque son sus rescatados;. reina sobre los entendimientos, porque los ilustra con su doctrina ; reina sobre los corazones, porque los mueve con su gracia; reina’ sobre los hombres malos, porque elude sus maquinaciones perversas; y reina sobre la sociedad santa de su Iglesia, porque la dirige con su -sabiduria, la sostiene con su fuerza,y la alimenta con su amor; y reina, por fin, sobre toda criatura racional, ac la ha de premiar 6 castigar como Juez, Y j qué! gAcaso Jesucristo reina solo en los cielos? 4No hay otros que son tambien principes y reyes en la patria celestial?’ gNo habia dicho Dios (I Reg., cap. 1, 30) que el que le diese gloria 4 E1 seria glorificado, asi como serian despreciables los que lo desprecien? 4 Los Santos que viven con Cristo no dan gracias incesantes 4 Dios porque los ha hecho reyes y sacerdotes, y reinarfn sobro la tierra? (Apocalip., cap. v, 10.) Y, en efecto, dice San Anselmo (S. Anselm., Epist. Ifad Hugon.), «el amor sem- brara tanta armonia entre Dios y los Santos, que éstos no querran sino lo que quiera Dios ; y aunque se amen todos reciprocamente, amaran mucho mas & Dios. Por lo que no sucederd 4 nadie sino lo que El quiera, y lo que quiera de si mismo lo querra de todas las cosas, y aun del mismo Dios; y resultara de aqui que todos seran reyes completos, porque lo que quiera uno Jo querran todos, ¥ acaecera; y Diosy los Santos seran como un solo Rey y como un solo hombre.» a Siendo, pues, esta gloria comun 4 todos los ebtineete siendo la caridad y amor que tuvieron 4 Dios en la tierra la medida del premio en los cielos, j qué imperio no ten- dran los confesores! ;Qué participacion en él sera la de ~ rs

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