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No toma Maria menor parte en las grandezas de su Hijo y en los intereses de su Esposo divino. Viene Aquél 4 santificar 4 los hombres, y no hace atin mas que unos momentos que Jo tiene en su seno, cuando deja su retiro con premura, atraviesa montafias, y pasa 4 casa de Isabel] & alegrarla con su presencia, a repartirla el don de la profecia, al mismo tiempo que el Hijo que tenia en sus entraiias santificaba al que Aquélla tenia en las suyas, consagrandolo para que fuese su precursor y el testigo fiel de la verdad. Cumple 4 su gloria repartir gracias y favores 4 los afligidos, y tan pronto como se deja ver en- tre los hombres como maestro, Maria le insintia que ha llegado el momento de ejercer su mision de bondad y mu- nificencia. «j Cosa singular! dice San Juan Criséstomo, que el primer milagro que hace Jesucristo es para honrar © dé su Madre, que se lo ha suplicado; .ve Esta, en efecto, que los esposos de Cana de Galilea no tienen vino para los convidados, y al momento se lo manifiesta al Dador de todo bien. De dénde podra Jesus remediar esta nece- sidad? No poseg un 6bolo, ni un palmo de terreno; no tiene prédios ni riqueza ; pero Maria sabe que su Hijo es el que sacé el mundo de la nada, el que hizo que brotasen aceite los riscos, el que convirtié las aguas amargas en suaves y dulcisimas, el que ostenté su gloria y poder en el mana del desierto, y quiere que ahora empiece 4 mos- trar 4 los hombres que viene 4 darles todos los bienes. Habla la Madre al Hijo pidiendo favor; habla 4 los inte- resados, inculcdndoles la confianza, la fé y la obediencia a cuanto su Hijo les mande. Quodcumque diverit vobis fa- cite. (Joann., cap. , 5.) ¥ esto basta para que el agua se vuelva vino, asombrandose cuantos son testigos del pro- digio, y reconociendo en el personaje sentado 4 la mesa al enviado celestial, al Hijo de Dios, que venia 4 vindicar su gloria. Ht mantfestavit gloriam suam. ( \bid., capi- tulo nm, 11.) Ee Facelli tee ean \ aiid dibiiticcihe ta ak, erst 2oe

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