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es como la azucena entre las espinas. (Canticor. ,cap. I, 2.) Maria no necesita para su santificacion de aquella gracia que nos previene 4 nosotros, pecadores, porque . habita en ella como en su sagrario el Espiritu Santo des- de que existe , y la confirma en su gracia, y la da el don de la impecabilidad; Maria, en una_palabra, obtiene la mejor parte, que jamas sele quitara. Dios, es verdad, engalana 4 Maria con estas dotes que la decoran, en virtud de la eleccion que ha hecho de Ella desde la eternidad para que sea Madre suya en el tiempo. Pero entendamos que estas relaciones de gracia que hay entre Dios y Maria, comunes 4 todas las almas justas, aunque singulares, tinicas y extraordinarias en Ella, no son las que exclusivamente forman los vinculos de union entre el Criador y esta nobilisima criatura. To- dos los hombres estan predestinados en Jesucristo 4 ser participes de la Divinidad por la gracia de la redencion, librandonos 4 todos de la culpa, y preservando a su Ma- dre de no caer en ella; pero Maria entra en la comuni- caciou intima é inmediata, no sdélo de la gracia, sino,de la misma naturaleza divina, y se forman entre Dios y Ella las mismas relaciones naturales, 6 intrasferibles, é indivisibles; que vemos entre el Padre, la Hija y el Espo- so, habiendo tan sélo la diferencia infinita entre éstas y aquélla, por ser las primeras entre séres defectibles y | limitados, y la segunda entre el mismo Dios y una criatura en quien se digna depositar todo'su amor y munificencia. Entre tanto , estos efectos tienen respectivamente su -debido euniglimnionte desde que el Verbo divino se hace hombre en las entrafias de Maria; porque realmente es Hija del Eterno Padre, Madre del Eterno Hijo, y Esposa del Espiritu Santo. Por sdlo el acto de la generacion del Verbo eterno en el seno de Maria, al cual concurren las - 4res personas divinas , se hace donacion 4 esta criatura de

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