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» Reina y Sefiora. Todos los demas son stibditos de este _ divino Salomon; pero sdlo esta celestial Betsabé tiene el privilegio de sentarse en el mismo trono de su Hijo y compartir su autoridad; lo diré en una palabra: el Verbo -eterno corona la maternidad divina de Maria, dandole un poder absoluto en los cielos y en la tierra sobre los ange- les, los hombres y los demonios. Si queremos rastrear algo de este poder, nos hemos de _-servir 4 la vez de las luces de la razon y de la fé; nos asombramos cuando sabemos por la ciencia astronémica que la menor de las estrellas, que se nos- muestra como una chispa de diamante electrizado, es un globo de una ‘magnitud incalculable; nos admiramos mas atin cuandos sabemos que el inmenso espacio que ocupa cualquiera de esas estrellas en los espacios fluidos, es un punto im- perceptible comparado con la latitud de los cielos; asi. habla la razon, y lo demuestra infaliblemente. Pues aoe la fé nos dice que los cielos y la tierra, comparados con la inmensidad divina, son ménos que un grano de arena puesto en balanza con toda la maquina del mundo, Si, la filosofia ensefia ciertamente, y el hombre lo concibe, que pueden amontonarse tantos granos de arena, que ocupen ' todas las distancias que hay entre la tierra , los cielos y los astros; pero por muchos que sean los mundos que amontonemos unos sobre otros, nunca ocuparan la inmen- sidad de Dios, porque un circulo limitable nunca puede” abarcar 4 otro sin limites. Raciocinad, pues, amados mios, del mismo modo sobre el poder de los Santos puesto al lado del de Dios; es cierto que cualquiera de éstos tiene un poder grande, por «haber entrado, como dice San Bernardo, en las potencias del Sefior.» Todos los poderes de la tierra son nada si los comparamos con el poder de uno solo de los escogidos. gCudl sera, pues, el poder de tantos miles de Santos reunidos?4Cual su imperio? gCudl su dominacion? Sin embargo, nada esal quererlo nivelar Pe

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