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pasos, y la vereis en Belen mas despreciada que la zagala misérrima, 4 quien no falta una choza entre los enebros del desierto para abrigarse de los rigores de los elemen- tos; en el templo, nivelada con las otras mujeres obli- gailet 4 presentarse al santuario para purificarse de su pecado. ;Ah! Entre tantos dias de aplausos como hubo para su Hijo, no la Vereis ni cuando miles de almas lo seguian y querian proclamarlo Rey, ni cuando entre acla- maciones y voces de jtibilo entré en Jerusalen despues de haber resti¢itado 4 Lazaro; mas esta junto A Jesus cudndo Este es condenado y proscrito, cuando puede de- cir con el Profeta que los oprobios que vomitan contra Dios sus enemigos recaen sobre su corazon. En vano hu- bieran preguntado 4 esta admirable criatura si era madre de Dios; que la que prefirié sufrir mil amarguras en su _ alma antes que manifestar su sagrada gravidez 4 su es- poso en los dias de la ignorancia de éste, hubiera tam- bien preferido sumirse en la nada antes que publicar en. pré de si misma la elevacion en que se hallaba. Pero en el dia de su coronacion, Dios publica. por sus propios la- — bios las grandezas que Maria ha ocultado en el seno de> su corazon; Dios manda que la naturaleza insensible y Ja racional la tributen los honores que merece, haciendo que todo se ponga en movimiento desde que Maria sale del sepulcro hasta que llega 4 su trono. La veo salir del frio marmol, y al mismo tiempoen las | vértices del Libano ostentan su tierno verdor los gigan- tescos'cedros; en los caminos de Sion, olvidandose de su tristeza , elevan hasta las nubes sus crestas los cipreses; en Cades, la palma antes agobiada por el peso de las nie- ves, se eleva hacia la esfera, gloriandose con sus dorados frutos; frondosa ensefia la rosa de Jericé los primores que ocultaba en su rubicundo seno, y los Arboles todos de las selvas derraman por todas partes el cinamomo, el balsamoy la mirra. Sube por los aires reclinada en su

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