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as tener la misma naturaleza en cuanto Dios, tomara la na- turaleza humana, y, unido 4 ella, comunicé 4 ésta de un modo admirable las propiedades esenciales desu perso- na, y se apropid asimismo las propiedades de la natu- raleza humana; le ensefla que, asi como este Dios se hizo nuestro modelo en la vida y en la muerte , asi tam- bien era nuestro tipo en la resurreccion ; que no salié fiste triunfante del sepulcro sind para certificarnos que otro tanto nos acaeceria 4 nosotros algun dia, con sdlo la diferencia de haber resucitado Ei por su propia virtud y deber nosotros resucitar con la virtud de Dios ; le ensefia, por fin, que la predestinacion 4 la gloria, inherente 4 la perseverancia final, es el complemento de la predestina- cion 4 la gracia, mediante la cual llega el hombre al pa- raiso, donde Dios lo ha de premiar conforme a4 los esfuerzos que haya hecho, prevenido por la gracia, para corresponder 4 sus‘altos destinos. Y estas grandezas le han sido prometidas al hombre de tal modo, dice San Pablo, que Dios las confirmé con juramento , para que tuviésemos esta firme esperanza, que fuese el ancora fir- me y segura de nuestra alma, con la cual penetrasemos hasta lo mas interior de los cielos, 4 donde primero pe- netrara nuestio precursor Jesus. Necesario era desarrollar este bellisimo ideal de la existencia y fin del hombre para verlo ejecutado en la criatura mds noble que saliera de las manos de Dios. Si, la coronacion de Maria en el dia de su Asuncion es la prueba irrefragahle de que Dios consuma las obras de la gracia, poniendo en la frente del justo ellauro de la glo- ria; ella nos demuestra la verdad de la promesa de la Es- critura, que nos dice que el que se humille sera ensalza- do. ¢Quién podra contemplarla con los ojos de la fé sin comprender que Maria es Madre de Dios? gQuién puede - escuchar los acentos de admiracion en los Angeles , los himnos de melodia en los justos al subir Maria 4 su tro- ‘

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