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- sei Vedla, pues, repito, cémo sube y cémo se sienta en su trono: bendice a la tierra, para que no dé espinas y abrojos para sus hijos; bendice 4 las nubes, para que den lluvias 4 su tiempo, y no fulminen rayos en la he- rencia de sus amados , y por do quier que pasa va bendi- ciendo todo, para bien de estos. ; Oh Madre tierna y dul- cisima! Esta inundada de un torrente de delicias celes- _ tiales ; ha recibido abrazos , dsculos carifiosos y coronas de su Padre , de su Hijo, de su Esposo; esta oyendo las. aclamaciones de los moradores del cielo; va 4 sentarse en un trono baiiado con los mismos. resplaiiiotés que salen del Solio de la augusta Trinidad, donde va 4 reci— bir pleito-homenaje de todos los principes del cielo; y sin embargo , gsabeis cual es el pensamiento mas intimo de.esta Sefiora? Sus hijos; sus hijos, que quedan en la tierra: y mas sdbia que Bethsabé , mas compasiva que Esther , no se sienta en el trono de su gloria sin pedir al +, _ Rey de los siglos que, si habia hallado gracia en sus ojos, y si le agradaba, la concediese la vida y la felicidad de su pueblo, por quien intercedia: (#sth., cap. vu, 3.) IX. Por esto, amados oyentes, la Iglesia catdlica alaba siempre al Seiior y suplica 4 su Madre que no cese en su oracion por ella. Ella sabe cuanto honra Dios 4 su Madre y cudn tierna y carifiosa es Esta para con nosotros, y~ cree que Dios no la niega nada de lo que le pide para gloria suya y salvacion de las almas. Ella comprende aquella admirable economia que Dios observa en la dis- tribucion de sus gracias, haciendo, como dice San Ber- nardino Senense (Serm. De Wat. Virg./, que nos vengan del Padre por el Hijo y del Hijo por la Madre. Tambien cree con San Berhardo (in De Presat. ad Virg.) que el Padre nada niega al Hijo ni el Hijo se lo negara 4la Ma- dre, ni sta se lo negara al pecador. Por lo que, sabiendo todo esto la Iglesia catélica, alaba sin cesar al Senior ‘que la ha dado una Madre tan amorosa, y suplica 4
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