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cro, cuyo rostro resplandecié como el sol? ,Quién deli- neara la blancura de su vestido, sus adornos, sus aro- mas, cuando la orlan rosas, claveles, alelies, y lo reca- man perlas, esmeraldas y rubies? ,Quién puede contar lo que pasé en el cielo tan pronto como llegé la Virgen a la presencia del antiguo de dias, y éste la dié la potes- tad, el honor y el imperio? ¢ Qué se ha de decir de la Asun- cion de la Virgen, exclama San Agustin, cuando no nos dice nada acerca de ella la Escritura sagrada? (Div. Aug. Lib. de Assumpt). Sin embargo, yo no me desani- mo, pues oigo al mismo Santo doctor que me dice que, aun en medio de este silencio de las sagradas paginas, _ no ha de permanecer inactivo nuestro entendimiento, pues hemos de buscar con la razon lo que esta de acuerdo con la verdad. (August., ibid.) Ved, amados oyentes, lo que enténces sucedi6: entré la Virgen en los cielos apoyada sobre su Hijo, y llegando hasta el Trono de la augusta Trinidad, habl6 el Hijo y honr6é 4 su Madre delante de su Padre y de su Esposo, y _ ladié 4 conocer a Yos angeles y bienaventurados. Ahi _teneis, dijo al Padre, & vuestra amada Hija; ahi teneis la criatura mas humilde ; ahi teneis lo mas santo que hay despues de mi, que.soy santo por esencia. Ahi tenéis viies- tra Esposa, la que es vuestra paloma, vuestra escogida, la criatura mas pura, 14 mas inocente: esta es mi Madre,. la que me dié la sangre con que he redimide al mundo, Ja que me alimenté 4 su pecho, la que me salvé de peli- gros, la que ayudo hasta en mi tiltimo suspiro 4 consu- mar la obra de la redencion. Enténces el Padre estreché & Maria en su seno, diciéndola: Recibe, hija mia, la coro- na de tu humildad. El Espiritu Santo la dié dsculos de amor, diciéndola: Recibe, Esposa tierna, la corona de tu virginidad. Y el Hijo, levantandola y colocandola en un trono 4 su derecha: Recibid, la dijo, Madre mia, el cetro y la corona debidos & vuestra maternidad. Usque ad anti-
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