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224 can, Dios de Israel: pues por tu causa he sufridoafrenta, cubrié la vergienza mi rostro. (Ps. uxvi,7-8.) | VI. Hé aqui, en compendio, lo que sufrid el Hijo de Dios, sin estar obligado 4 ello, para llegar al momento de su triunfo'y su glorificacion. Y otro tanto respectivamente aconfecié 4 su Santisima Madre: predestinada desde la eternidad 4 ser Madre de Dios, no empezé 4 existir sin que viniese al mundo con el caracter que nadie ha tenido de ser Hija del Padre , Madre del Hijo y esposa del Espi- ritu Santo. Como consecuencia inmediatade esta predes- tinacion, no podia empezar 4 existir sino siendo santa, inocente, inmaculada, triunfadora de Satanas , y exenta “de todos los males que éste habia introducido en el mun- do por el pecado. Con sélo haber concebido y engendrado al Hijo de Dios, contrajo mas méritos que todos los San- tos, y fue mas santa que todos los angeles. Habiendo sido Ella misma concebida en gracia , estaba exenta de morir, y, como dice San Isidoro de Tesalonica, 4 no haber determinado el Sefior que viviese en la tierra para ser la Madre de su Hijo, esta criatura admirable hubiera sido trasladada al cielo al poco de haber salido de la nada. Sin embargo, esta Reina de los cielos atraviesa este valle de lagrimas tan desconocida y tan sin gloria como su Hijo. La Hija del Padre no discrepa de las demas mujeres en ninguna de las exterjoridades que pudieran ensalzarla entre los hombres, pues vive en la pobreza, entre privaciones y persecuciones. La Madre del Hijo comparte con él la oscuridad, las kumillaciones y los menosprecios. La Esposa del Espiritu Santo, sobre quien ha derramado Este toda la plenitud de las gracias, se presenta ante los ojos del mundo como si fuera una de las que necesitan purificarse: la que es mas*incorrupti- ble que los cielos y mas pura que los’serafines , ofrece la tértola por el pecado, como si fuera pecadora; y la que, al empezar 4 existir, estrelldé la cabeza de la serpiente anti- sisi cite st

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