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be ; . Ke oy predilecta del Padre, Madre amantisima del Hijo, y Es- posa dulcisima del Espiritu Santo. Qué angel puede lle- gar 4 tan inefable semejanza con Dios, uno en esenciay trino en personas? Y estadignidad dela Virgen no puede _contemplarse sin llenarse uno de asombro, y sin poder ménos de confesar que es tan altisima é inefable la exce- lencia y dignidad de esa Sefiora, que obliga 4 quien la contempla 4 imitar 4 los mismos serafines, cubriéndose el rostro y postrandose con acatamiento profundo delante de esta Virgen, no pudiendo articular mas que una frase, la que la dijo con reverencia y humildad el arcangel Ga- briel: Dios te salve, llena de gracia; bendita ti eres entre todas las mujeres. (Luc., cap. 1, 28.) ~ Admirable é incomprensible es todo esto, mis ama- dos oyentes ; pero no lo es ménos lo que sucede cuando llega el momento de la retribucion, el momento en que _ este Dios-Hijo va & devolver 4 su Madre favor por favor, gracia por gracia, y trono por trono. Veamos lo que habia hecho la Madre, para entender cual tenia que ser el re- torno del Hijo. El amor que Maria tenia 4Dios, amor tan inefable como la dignidad & que fué elevada, hizo que | accediese a loque Dios la pedia, y era que lo admitiese — - en suseno, y Maria consintid..(Lue., cap. 1, 38.) ;Ah! parece imposible que tengamos que decir que esta vir- gen concedié 4 Dios la gracia de que pudiese convertir su — seno en trono de su gloria; y sin embargo es asi, pues antes de hacerse Hijo suyo, la pidié su consentimiento. El Hijo, por tanto, la habia de devolver fayor por favor, gracia por gracia, trono por trono. El momento de esta recompensa llegé:, y no puedo describirlo sin decir antes, con San Pedro Damiano, lo que acontecié en él. «Mas resplandeciente que el sol ; dice este santo Padre, fué aquel dia en el cual la Virgen Maria fué ensalzada al Trono del,Padre celestial, y se vid colocada en el mismo Solio de la Beatisima Trinidad, te- r % a ible abd ate Meh el
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