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dignacion ya no caysan tanto asombro; porque, una vez unida la naturaleza del Verbo del Padre & la humana en unidad de persona divina, se concibe con facilidad que, siendo esta union de una perennidad eterna, é indivisi- — ble, é insepa rable, habia de estar siempre la naturaleza humana alli donde estuviesen la naturaleza y persona divina: se concibe ademas que, habiendo bajado el Hijo de Dios de los cielos para volver despues 4 su Trono, dla diestra del Padre, habia de subir tambien 4 sentarse en su mismo Trono aquel cuerpo que tom6 para ofrecerse en sacrificio, pues no podia separarse jamis de El. La dig- nacion asombra, por tanto; las consecuencias no; porque el enviar el Padre al Hijoes lo mas inefable de su mise- . ricordia; pero el coronarlo de gloria y honor, el sentarlo en su Trono como Dios y como hombre, el hacer que toda rodilla se doble delante de £1, es un acto de justicia: el misterio es incomprensible, pero la conexion de unas co- sas con otras es bien clara. ; Pero, gsabeis lo que, ora por la diapadinh ora por sus resultados, tiene’ embargados 4 los angeles y llena de asombro 4 los moradores del cielo? Lo que hoy esta cele- brando la iglesia, dando gracias 4 Dios por sus bondades , y entonando canticos de admiracion, de alegria, al mismo Dios y 4 la nobilisima criatura en quien hizo fl cosas verdaderamente grandes. Eso es lo que asombra; una * mujer, una pura criatura, que, sin ser Dios ni podetlo ser, tiene el privilegio de acercarse al Trono de Dios, el de-sentarse junto 4 El y el de recibir honor, potestad y reino; el de ser presentada al antiguo de dias, y ser coro- nada por El emperatriz de los angeles y Reina de cielos y tierra; esto embarga alos dngelos mismos, y los tendra en éxtasis por toda laeternidad. Ht usgue ad antiquum dierum pervenit... et dedit ei potestatem, et honorem, et regnum. Hé ahi un acontecimiento tan admirable como inefa-
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