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{ hombre sin dejar de ser Dios , y elevandola 4 tan inefa~ ble sublimidad, que , sobrepujando 4 cuantas alturas hay en los cielos, 4 los angeles, 4 las dominaciones , 4 los querubines y serafines, la habia de colocar en el solio mismo de su Divinidad, para que, como dice San Leon (Serm. I de Ascension. Dom./, se uniese en el Trono 4 la gloria del Padre, puesto que estaba unida 4 su naturaleza en la persona del Hijo. Hé ahi la sublime vision de Daniel, la cual empezé a cumplirse en el momento de la Encarnacion, continud _-verificdndose en el dia admirable de su Resurreccion y Ascension de Jesucristo 4 los cielos, y se completara cuando llegue el dia en que entregue el reino 4 su Padre, | despues de haber destruido la muerte y despojado 4 todo principado y potestad y virtud. (I Cor., cap. xv, 24.) Cuando est@ Hijo de Dios se hizo hombre, recibié te su Padre la-uncign del sacerdocio eterno, para que fuese nuestro mediador y redentor; cuando resucité de entre los muertos, recibié la uncion sqnta de la alegria, para que reinase en Sion su monte santo; cuando subié 4 los cielos, tomé posesion de su Trono, y cuando presente al Padre la innumerable muchedumbre de escogidos, serd confirmado su reino, siendo éste eterno. é inmutable, no sdlo en el rey, sino en todos aquellos sobre quienes rei- nara por los siglos de los siglos. _ II. Veo, amados oyentes, que estais asombrados de oir ' larelacion de tanta grandeza; un hombre semejante & nos- otros sentado en el Trono de Dios, mandando como Dios, ’ ‘teniendo el mundo en su mano como Dios, y ‘einchaa como Dios, es en realidad lo mas sublime que puede verse, lo mas inefable que pueda contemplarse. Pero hay que considerar dos cosas: la dignacion de Dios, y sus - consecuencias. La dignacion de Dios en haber querido hacerse nuestro hermano, sera el asombro de. los queru- bines por toda la eternidad; Jas consecuencias de esta” 4 ‘

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