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‘ mos algo de lo que pasé en el almade Maria en el momento - que Aquélla penetré en el cielo; enténces, alboreandonos aquella luz de que Maria fué bafiada, empezariamos a “saber cudnta fué su gloria. Entre tanto, por cualquier lado que la miremos, es para nosotros un sol al mediodia, que el débil ojo mortal no puede mirar con fijeza sin verse oprimido de un inmenso peso de luz ; si haciendo uso de nuestra razon queremos calcular su gloria como recompensa de su inocencia, encontraremos que, compa- ' rados con Marfa, todos los angeles y justos pesan 4 su lado tanto como un grano de arena comparado con un elevado monte; si la contemplamos como corona de la gracia de la redencion, veremos que la gracia dada 4 Maria por los méritos de su Hijo fué tan copiosa, que, repartida ella sola entre todos los hombres y correspondida, por ellos, hubiera bastado para hacer otros tantos Santos ; si como premio de su amor para con Dios , apénas sabremos otra cosa que repetir con el Sabio: «Que nadie puede medir la altura del cielo.» Altitudinem calli, quis dimensus est? ;Ah! Decir que el hombre mortal puede concebir algo del amor de Maria para con Dios, seria decir que podemos tocar los cielos con la mano; decir que él sdlo sobrepuja el amor de todos los Santos juntos, es querer tirar las li- neas de un inmenso cuadro; decir que todos los serafines 4 su lado son tibios, atin no nos manifiesta la intension de su amor: el amor de Maria no es mensurablée. Luego la gloria con que entré su alma en el cielo es tambien inmensurable é incomprensible; porque si la queremos medir con la gracia que recibid, 4 los demas, dice San Je- ronimo, se la did la gracia por partes, pero 4 Maria vino toda la plenitud de la gracia de Cristo. Si la medimos con sus méritos , es necesario acudir 4 los méritos de su Hijo Dios; y gquién no sabe que, segun todos los tedlogos y Padres , Jesucristo merecia infinitamente en todas las acciones de su vida, de suerte que una sola palabra, un 4 é

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