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en todo. Similes ei erimus qguoniam vldavionas. eum ‘si- cuti est. Si esta es la gloria que Dios prepara 4 cada una de las almas; si Dios se manifiesta a las almas y las trasforma en si mismo, dejandose comprender de ellas, segun sus méritos, qué gloria tendria preparada para el alma desu propia Madre, para la Reina de todos los Santos, cuya pureza sélo es inferior al que es puro y santo por esen- cia? Fijemos ‘aqui nuestra atencion, amados mios: las. ‘glorias del alma de Maria han de estar en proporcion con sus méritos. ;Qué océano de maravillas seme descubre! Al glorificar Dios 4 los Santos, corona sus propios dones, como dice San Agustin; mas al glorificar 4 Maria, no son ya los méritos de un hombre, sino los de un Dios, los que van 4 ser coronados; porque Dios y Maria han tenido en el mun- do un mismo destino y una misma suerte; Dios bajé del cielo 4 tomar cuerpo humano; Maria se lo did: Dios pasé treinta y tres aiios entre los hombres; Maria lo alimenté y conserv6: Dios se vid entre mil peligros en su infancia; , Maria lo salvé: Dios se vid crucificado y baldonado; Maria lo acompaiidé: es decir, que no podemos hablar de los méritos infinitos del Redentor sin hablar de los de su Madre; es decir, que las glorias de Dios son las glorias de Marfa. jOh gran Dios! Dignaos purificar mis labios para exprimir tanta grandeza ; no permitais que sacrifi- quemos 4 los viles objetos del mundo los bienes para que nos habeis criado! Porque Jésus se humillé 4 si mismo, hecho obediente hasta la muerte, Dios lo ensalzé, dan- dole un nombre sobre todo nombre, ante quien se postre ' todo sér en los cielos, y en la tierra, y en los abismos; luego porque Maria se humillé mas que todas las criatu- ras, creyéndose la ultima de todas, al mismo tiempo que era elevada 4 la dignidad de ser Madre de Dios, Este la ensalzé de tal manera, que los angeles, los hombres y los espiritus se inclinan en su presencia; luego habiendo y eee
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