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dreado como un sacrilego profanador; tales eran las apa- _ riencias exteriores de Maria; tal era tambien la estupidez =» del pueblo hebreo, que no sabia encontrar grandezas y " virtudes sino en los palacios, en el brocado, en las ri- quezas y en el brillo exterior, de que tanto distaba | Maria. Pero preciso es confesar que en estas apariencias hu- mildes estaba oculta toda la virtud del Omnipotente; Dios llevaba & Maria de su mano, y la pasaba por medio 7 de los peligros para que resaltase mas y mas la fuerza de | su brazo. Mirad cémo entra Maria en el mundo; tiene cuanto es necesario para incurrir en la culpa original; pues para esto, como afirma el Doctor Angélico y los de- ~ mas tedlogos, no se necesita mas que ser hijo de Adan. Joaquin y Ana, sus padres, no son mas | que los demas hombres, si no es por virtudes personales; pero por muy — justos que sean, no podran tener un heredero de su nom- «bre sin trasmitirle con la sangre el pecado que han here- 4 dado ellos tambien de su primer padre. Mas entre tanto, aqué sucede? Maria entra en el mundo atravesando los hordes del precipicio de la culpa, sostehiéndola Dios para que no se deslice ni caiga; no de otro modo que la blanca paloma recorre los bordes pantanosos de un gran lago, llevando su rapido vuelo casi 4 flor de las heces in- mundas, sin empaflar lo mas minimo su tersura y can- dor. ; Ah! ,Qué vale la razon humana para apreciar las obras de la razon divina? Cuando Dios quiere desarrollar su voluntad y poder, no tiene que atenerse 4 otra ley que su propio querer. Del mismo modo vereis que recorre Maria todas las demds fases de su vida mortal ; miéntras los sentidos no veian sino exterioridades y abyeccion, pasaban en la su- 3 blime region del espiritu escenas gloriosas y encantado- ; ras; subid al Calvario, y ciertamente temblareis al ver 4 esta Virgen convertida en la mujer mds desgraciada, que pierde 4 su Hijo en un infame patibulo: dolores, afren- |dicate ¥ me:

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