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que el gran luminar que cridra Dios para vivificar la tierra y dar luz al mundo planetario, marcha siempre con paso firme, sin declinar, sin subir, sin bajar; su marcha es constante y majestuosa, y en ella va siempre triunfando de su gran enemigo, de las tinieblas, que, cobardes, no se atreven4 presentar su hérrida faz sino despues que el sol ha trasmigrado 4 otro hemisferio. Tanta es su luz cuando se encumbra sobre nuestros vértices, como al nivelarse con nuestras plantas. - Asi Maria, sefiores, triunfa al hallarse en su Oriente; triunfa cuando ha llevado sus pasos hasta lo mas encum- brado de su vida, y triunfa tambien en su declinacion; esta estrella, que no conoce variacion alguna y hace huir ante su presencia 4 los tenebrosos espiritus, igualmente es luminosa en su Concepcion, que en Belen, que en el Gélgota, que en el Cenaculo y que en el lecho de la muer- te. Pero gde qué modo? Hé aqui, sefiores, dénde halla mi espiritu un vasto campo para discurrir; en todas estas escenas la persona de Maria aparece como otro cualquiera individuo de Ja naturaleza, sin privilegios, sin visualidad; toda su vida no es mas que una sucesion de trabajos ; la Hija de David no tiene lustre alguno; si durante su car- rera se hubiese atrevido alguno 4 decir que esta Virgen, abyecta y pobre, era la realizacion de la antigua Raquel, de Abigail, de Betsabé, de Judit, de Ester, de Débora y de otras muchas heroinas famosas por su hermosura, y pru- dencia, y fortaleza, y piedad, y castidad; si alguno hu- biese predicado de Ella la ultima de las virtudes con que 4un en vida de ellas fueron encomiadas las referidas he- roinas; si alguno hubiese dicho que esta mujer era la grande y atlética que por boca de Dios fuera predicha desde principio del mundo para que confundiese el poder del averno; si alguno en la Judea, en Jerusalen, en Belen, en Nazaret, hubiese dicho que Maria era la Virgen de Isaias, que daria al mundo el Emmanuel, habria sido ape-

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