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raleza angélica de que Maria es Reina y Emperatriz, pero de tal modo, que al angel humilde manda como Reina cle- mente y benigna, y al rebelde como triunfadora gloriosa.. Bien comprendeis, sefiores, cuanto encierra en si esta relacion de Maria con los angeles; no es posible que esta Reina empiece a existir sin tener lauros y aleanzar vic- torias. Si viene al mundo, ha de ser para mandar a todas las legiones celestiales, y dominar 4 la torva chusma de espiritus infernales. 4No la veis entrar en el mundo cual aurora despues de tempestuosa noche, ahuyentando c n sus resplandores las tinieblas de la culpa que como pesadoy tupido manto cubrian la tierra? No Ja veis cémo con su ligerisimo pero esforzado calcaiiar holla Ja ominosa cerviz del dragon in- fernal, fijando en esta antigua serpiente una mirada mas aterradora que el rayo, cuyo instanténeo fragor aterra y aniquila al inexperto viajero? Pues bien; esta entrada triunfante de Maria en el mundo, no es mas que el primer paso de su majestuosa carrera, que contara tantos triunfos cuantos sean los momentos de su vida. Despues de ha- berse alzado hasta lo mas encumbrado de su carrera, no llegard 4 su término descendiendo sino en las apariencias. 4Qué digo ascendiendo y descendiendo? Removamos las figuras ; hablemos conforme 4 realidad; salgamos alguna vez de esta pequefiez de nuestra comprension a que nos llevan instintivamente las apariencias; cuando el astro del dia asoma su esplendente disco por las altas cumbres del Oriente, decimos que se eleva hasta lo mas alto del cielo, y apenas lo ha tocado, como. si alli. encontrase un 6bice que detuviera sus pasos de gigante, decimos que baja con la misma rapida marcha hasta trasmontar por el ocaso y desaparecer. Asi hablamos, y jtriste condicion humana, atenida en este mundo 4 los sentidos para en- tender y explicar hasta la mas minima parte de la crea- cion!asi nos explicamos, no sucediendo nada de esto, por- n A aes ete)ill

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