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dad de Maria esta en tan inmediato contacto ‘con la Divi- nidad, que forma con ella, digamoslo asi, un mismo cuerpo, y esta circuido de los mismos fulgores que impi- den fijar en ella la vista con detencion. Los mas encum- brados Doctores de la Iglesia apénas han podido dirigirla miradas fugaces, pues los deslumbrara el sol de justicia que la encubre como su propio manto. No sucede asi en otras grandezas que Dios hizo en Maria, pues aunque todas -estan en relacion con su maternidad divina, se encuen- -tran como despojadas de las esplendorosas rafagas de la ‘Divinidad, quedando la naturaleza humana entregada 4 si misma al parecer: contemplémoslas , sepamos cuales “son, comprendamos la causa por qué Dios desnuda 4 su Madre de los resplandores inhérentes 4 su alta dignidad, y luégo nos postraremos ante el acatamiento del Seftor, y dirigiendo una mirada desdefiosa al enemigo de nuestra felicidad , le diremos con el ordculo divino: Maria hollara y estrellara tu cerviz, y ti acecharas en vano sus calca- flares. Es preciso comprender cual es el fin de la creacion de ‘Maria, para poder entrar con paso firme enla in vestiga- cion de sus grandezas; no es este un sér abstracto y ais- lado; tiene sus términos relativos, que nos descubren toda la excelencia de Maria en ¢l punto mas culminante que nos sea permitido ver, aunque no podemos com prender - toda su extension. Si la ponemos en relacion con Dios, Maria no entra en la categoria de las criaturas sino para ser Madre del Criador; sila contemplamos relativamente 4 los hombres, no ve la luz sino para ser su Mediadora; mas al mirarla con relacion a otra naturaleza que no es ni material, como lo es el hombre én parte, ni espiritual hasta nivelarse con el Sér divino, que esencialmente es | espiritu, Maria no existe sino para ser su Reina. Esta - naturaleza, que ni es tan alta como Dios ni tan inferior como el hombre, es la naturaleza angélica ; si, la natu-
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