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‘Sin embargo, preciso es confesar que el favor hecho & | la humanidad en la Encarnacion del Verbo, aunque es | grande, pero es mayor sin comparacion, relativamente & Maria. Porque la humanidad no recibe al. Dios humanado sino como una cosa prestada, para que se haga de ella el uso conveniente, éQuién lo ignora? La humanidad necesitaba que un individuo tomado de su especie se ofreciera en holocausto de expiacion por los pecados de todos ; pero la humanidad no podia presentar una per- sona que reuniese cuantas circunstancias exigia una repa- racion de ofensas infinitas. Para que la tenga, baja el Verbo divino de la diestra del Padre, y toma carne humana. Desde que Jesus se ofrece, no hay un solo hom- bre que, dirigiéndose al Padre Eterno, no pueda dirigirle estas palabras: «Sefior, no soy digno de mirar al cielo por la muchedumbre de mis pecados; pero ahi esta el sacrificio aceptable que ofrece tu Hijo por mi; Vos me lo disteis , mio es, y yo os lo ofrezco.» ;Ah! Nadie existe, amados mios, que no pueda decir estas palabras: Dios se nos ha dado en la Encarnacion; pero gse did de este modo 4 Marfa? Distan casi in finitamenté estas gracias; a Maria Dios se da como cosa propia ; Maria tiene derecho ; directo de propiedad sobre Dios, porque lo concibe, por- que lo engendra, y porque lo da a luz. Desde que Este se hace su Hijo, hay entre un sér infinito y otro limitado union de consanguinidad, y esto hace que Dios sea de Maria de un modo tan intimo y tan intenso y eterno, que no puede igualarselé toda la naturaleza humana que recibe FE el beneficio de la Encarnacion: mas diré atin ; la natura- “gs leza angélica en su fruicion celestial no posee ni puede ¥ poseer & Dios como Maria. Ved si esta divina cantatriz, al entonar su inmortal himno, tuvo razon para compen- diar en'una sola frase todas las grandezas que obré en Ella el Eterno. Pero ‘no observemos tan copiosa luz ; la materni-
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